Tengo en mis manos Del óptimo género de los oradores de Cicerón, publicado por la Coordinación de Humanidades de la Universidad Nacional Autónoma de México, bajo la legendaria colección Bibliotheca Scriptorvm Graecorvm et Romanorvm Mexicana. La versión en lengua española es del muy querido y muy admirado doctor Bulmaro Reyes Coria.

Se trata de un volumen de lujo impreso a una tinta frente y vuelta, a excepción de la página 5 o portada interna que va a dos tintas, sobre papel cultural de 90 gramos, con encuadernación tela con lomo cuadrado con tejuelo hundido y grabado dorado, camisa a 4 x 0 tintas sobre cartulina couché, tamaño final de 21 x 13.5 centímetros, doble foliación de 8 páginas más LXXXV de liminares.

La obra es breve y fue escrita en el 46 a.C. Trata de la capacidad de enseñar, deleitar y conmover a los demás. Es de una tremenda actualidad y muchos hombres públicos, comunicadores y líderes sociales deberían de estudiarla. Sólo transcribo una cita para despertar la sed de su lectura: “Pues ya que la elocuencia consta de palabras y de sentencias, ha de lograrse que, los que hablamos con pureza y enmienda, lo cual es en latín, además de que alcancemos la elegancia de las palabras propias y de las trasladadas, en las propias, elijamos las pulidísimas; que en las trasladadas, persiguiendo su similitud, usemos moderadamente de las ajenas.”

Pero lo que más me gustó de la bella edición universitaria es la página de dedicatoria de Bulmaro. Es un modelo de agradecimiento íntimo que muestra el profundo humanismo que vive su autor. A tres de sus maestros evoca de manera brillante y es la última frase la que más me impresionó porque proteger es amparar, es resguardar, es adoptar. Veamos esas líneas:

A Don Francisco Sirito (Cartosio, 24/VII/1913-16/I/1997, Torino), sacerdote paulino, por dos cosas fundamentales: la primera: cuando yo era seminarista, me dio las mejores clases de gramática española y el pequeño Larousse por el “Himno de los bosques”, con lo cual por muchos años, me pude ganar el pan nuestro de cada día; la segunda: mandó remendar mis zapatos cuando ya no hubo más remedio.

A mi maestra Amparo Gaos Schmidt, por haberme prohibido ciertos pecados de traducción.

A mi maestro Rubén Bonifaz Nuño, a quien pido que me proteja este libro entre los suyos.

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Etiquetas: Dedicatorias de libros

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