Elnorte.com, 19 de diciembre del 2009
Un texto íntimo hoy, es evidencia legal mañana
Laura M. Holson
(19 diciembre 2009).- Hay una pregunta que recientemente ha cruzado por la mente de cualquiera que haya enviado un mensaje de texto vía teléfono celular mientras engaña a su cónyuge: ¿Qué estaba pensando?
Los mensajes de texto son el nuevo lápiz labial en el cuello de la camisa o el estado de cuenta de la tarjeta de crédito dejado a la vista. Instantáneos y al parecer incidentales, pueden ser la confirmación de un amorío clandestino y un registro de la persona no tan discreta que a veces olvida que todo lo digital deja una huella.
Esto se hizo dolorosamente obvio este mes cuando una mujer, quien afirma haber tenido una aventura con Tiger Woods, declaró a una publicación de celebridades que él le había enviado mensajes de texto coquetos, algunos de los cuales fueron publicados. Él sigue los pasos de otros políticos quienes mostraron una falta de comprensión respecto a los mensajes de texto, como Kwame Kilpatrick, ex Alcalde de Detroit, quien fue a prisión después de que sus apasionados mensajes a una asistente fueron revelados, y el Senador republicano John Ensign de Nevada, cuyo amorío con una ex empleada fue confirmado por un mensaje de texto incriminatorio.
A diferencia de eras anteriores, cuando se podía sospechar una aventura, pero no confirmarla, los mensajes de texto brindan hoy en día la prueba. Varios abogados de divorcios dicen que el año pasado hubo un incremento en los casos donde un cónyuge agraviado ha ofrecido mensajes para demostrar que una pareja le ha sido infiel.
El Colegio Estadounidense de Abogados comenzó a ofrecer seminarios, este otoño, para abogados matrimoniales sobre cómo utilizar la evidencia electrónica (mensajes de texto, historial de navegación y redes de contactos sociales) para demostrar un caso. Y la Suprema Corte de Estados Unidos aceptó el 15 de diciembre decidir si un Departamento de Policía, en Ontario, California, violó los derechos constitucionales de privacidad de un empleado cuando inspeccionó los mensajes de texto personales enviados y recibidos en un radiolocalizador del Gobierno.
Aunque la mayoría de los usuarios de correo electrónico ha llegado a comprender que los mensajes permanecen en sus computadoras aún si son borrados, los mensajes de texto con frecuencia son considerados como más efímeros: escribe, oprime "enviar" y se va a un hoyo negro. Sin embargo, los mensajes pueden permanecer en los teléfonos de quien los envía y quien los recibe, y aún si son borrados, las compañías de comunicaciones los almacenan desde días hasta semanas.
Varios abogados esperan que se incremente el número de casos al tiempo que los usuarios más jóvenes de teléfonos celulares, quienes tienen más probabilidades de enviar mensajes de texto que de hablar, contraigan matrimonio.
Al meollo del problema está la privacidad, o más bien la creciente falta de ella en la actual cultura digital de enseña y comparte.
Los mensajes de texto son considerados privados, muy parecido a como lo son las llamadas telefónicas, señalan varios expertos legales.
Sin embargo, si el teléfono celular de un cónyuge infiel es parte de un plan familiar de llamadas o con regularidad lo deja desbloqueado, es concebible que una pareja suspicaz encuentre justificado escudriñar la bandeja de entrada.
"La gente que tiene algo realmente privado que decir probablemente no debería hacerlo vía un mensaje de texto en su celular", dijo Marc Rotenberg, director ejecutivo del Centro de Información sobre Privacidad Electrónica, en Washington.
En el caso de Woods, Jaimee Grubbs, quien ha trabajado como mesera en Las Vegas, dio a conocer mensajes de texto y de voz que, dijo, eran de él. Los mensajes salieron a relucir después de que el golfista estrelló su auto el 26 de noviembre; una sucesión continua de reportes sobre infidelidad conyugal ha seguido desde entonces.
Woods anunció el 11 de diciembre que se tomará un "descanso indefinido" del Tour de la PGA para trabajar en su matrimonio.
Accenture, gigante global de la consultoría, puso fin a su contrato de patrocinio con el golfista el 13 de diciembre, un día después de que Gillette anunció que reduciría la presencia de Woods en su publicidad.
Otros, como Kwame Kilpatrick, ex Alcalde de Detroit, fueron descubiertos porque utilizaron teléfonos móviles y radiolocalizadores proporcionados por el Gobierno.
Kilpatrick mintió bajo juramento respecto a tener un amorío con una asistente, pero sus mensajes revelaron la verdad.
Jim Gibbons, Gobernador de Nevada, fue acusado la primavera pasada por su esposa en documentos de divorcio de enviarle más de 800 mensajes de texto a una amante en el 2007. Él afirmó que la mujer era una amiga, pero le pagó al estado 130 dólares por los mensajes enviados desde su teléfono.
Lo más común, sin embargo, es la sospecha seguida por una confrontación. Doug Hampton, amigo de mucho tiempo y empleado del Senador Ensign, dijo hace poco en el programa noticioso de televisión "Nightline" que se sintió alarmado después de que tomó prestado el teléfono celular del Senador, a finales del 2007, para llamar a su esposa, Cynthia Hampton, y la encontró registrada como "Tía Judy".
Hampton dijo que encontró un mensaje incriminatorio y confrontó a la pareja respecto a su amorío en una cena navideña poco después.
En un sondeo reciente de 2 mil 300 adultos sobre las redes de contactos sociales, el Proyecto Pew de Internet y Vida Estadounidense encontró que el 12 por ciento dijo que había compartido información en línea que más tarde lamentó haber subido a internet.
Lee Rainie, director del proyecto Pew, afirma que es evidencia de un cambio cultural general en el que la gente se ha vuelto cada vez más descuidada respecto a revelar información personal.
"Una cosa es escribir una nota personal a alguien que la comparte con sus dos mejores amigas", señaló Rainie. "Y otra muy diferente es escribir en un mensaje de texto sobre tu amor eterno y convertirte en el hazmerreír. Lo que en ese momento se siente íntimo y anónimo, quizá, en realidad no lo sea. Puede compartirse extensamente".
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