Por el desarrollo de las ciencias y artes del libro
Comentamos en alguna ocasión el caso indignante y la mar de bochornoso del plagio de artículos académicos perpetrado por un grupo de miembros de la Facultad de Ciencias de Ourense de la Universidad de Vigo dirigidos por Juan Carlos Mejuto Fernández y formado por Gonzalo Astray Dopazo, Antonio Cid Samamed, Óscar Moldes Figueiral, Juan Ángel Ferreiro Lage, Juan Francisco Gálvez Gálvez y Olalla Nieto Faza.
No hay dudas en cuanto al plagio. La Journal of Chemical and Engineering Data, revista de la Sociedad Americana de Química, detectó que porciones significativas de dos artículos habían sido previamente publicadas por académicos chinos de la Universidad de Hunan en otras revistas. Medios españoles y alemanes, entre otros, comentaron la nota.
El propio Mejuto admitió que hubo algo turbio porque al no estar familiarizado con la escritura en lengua inglesa, su equipo tomó artículos de otros autores para redactar sus trabajos y que por equivocación enviaron los borradores para su publicación. Su mala defensa fue que había incurrido en negligencia pero no en fraude.
Cabe decir que cuando un alumno de la Universidad Nacional Autónoma de México utiliza ese pretexto, el de confundir las versiones de documentos electrónicos, de nada le sirve. Los profesores no admiten ese argumento al descubrir que en un trabajo no se ponen comillas, no se cita debidamente. Quien hace eso se apropia de algo que no es suyo, lo roba. Plagio es plagio.
Mejuto y su equipo debieron terminar este asunto de la mejor manera: separándose de la institución por respecto a su tradición y a su comunidad. Pudieron haberse ido en silencio, avergonzados, sin ni siquiera pedir perdón. Así hubieran evitado un daño mayor.
El mundo académico esperaba que la Universidad de Vigo actuara con la proporción debida para salvaguardar su prestigio institucional. Sin embargo, aunque había evidencias de sobra, el rector Salustiano Mato anunció la conformación de una comisión de investigación del caso. Parecía razonable que se investigaran los niveles de responsabilidad.
Pues bien, la comisión absolvió a los autores y los hizo sólo responsables de mala práctica investigadora. Es decir que juzgaron que eran tramposos pero no tanto. Dijeron que el resumen inicial había sido copiado pero que todo lo demás era original. ¿Hubo sanción? Ninguna. Simplemente le cubrieron las espaldas a los plagiarios.
No sólo eso, nos acabamos de enterar que la Xunta de Galicia otorgó un premio de 112 mil euros a un equipo de investigadores agroalimentarios, codirigido por Mejuto, por su labor científica. También uno de los plagiarios, Gonzalo Astral, recibirá el premio extraordinario de doctorado en Ciencias 2011. Se distingue a los pillos, para que todo sea olvidado.
Hay muchos casos en el mundo científico de mafias, de grupos que se premian, se becan y se conceden recursos. No importa que entre las patas de los caballos se lleven a una institución educativa como la Universidad de Vigo, que será conocida desde ahora por practicar y tolerar el fraude.
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