Por el desarrollo de las ciencias y artes del libro
A veces me pregunto de dónde diablos sacan las personas tantas ideas para aparecer en el Libro Guinness de los Récords. Me lo he preguntado tanto que debería aparecer en el mentado mamotreto. En una de esas aparece mi foto como el hombre que más se ha negado a aparecer en El Guinness.
Algunos amigos me han insistido que imponga un récord en comer picante porque tengo esa compulsión. No puedo comer sin exagerar en las salsas. De hecho, me basta con moler en la licuadora un montón de chiles de árbol o chiles habaneros con un poco de vinagre, ajo y sal y bebérmelo para ser inmensamente feliz.
Todos sabemos que los registros suelen aparecen con foto; por ejemplo, hay una lista de los platillos más grandes: la torta, la pizza, la paella, el taco, la rosca de reyes, el burrito... pero suelen ser piezas grandes que simplemente se juntan una tras otra. Eso no tiene chiste.
Pero hay una noticia que hoy me llama la atención. Se dice que Dinesh Acharya, un estudiante de posgrado nepalí de 26 años, tiene la intención de imponer el récord de pasar 151 horas leyendo sin pausa. Y con el anuncio me entero que el récord lo posee otro nepalí de nombre Deepak Sharma Bajgain que en 2008 leyó 113 horas y 15 minutos.
Eso es fabuloso, pero no deja de abrir algunas preguntas: ¿qué leerá el nepalí?, ¿le harán un examen para ver si de verdad leyó? y ¿contarán en el tiempo los cambios de página y los cambios de libro?
Cinco jóvenes de República Dominicana establecieron en julio de este 2011 un récord de lectura continua en voz alta. Leyeron nada menos que más de 300 horas de la colección Juan Bosch. En el mes de septiembre pasado, 415 lectores establecieron en Guadalajara la marca de más personas en relevo de lectura de un libro: El último libro del mundo.
Conozco a muchas personas empleadas en los puestos ambulantes de las calles del centro de la Ciudad de México que, por las enormes pilas y cajas de ejemplares de El Libro Vaquero o La Novela Semanal, pudieran competir con el nepalí. Leen eso hasta diez horas diarias. Incluso pueden leer el mismo ejemplar una y otra vez. Quizá allí esté un récord.
Otro récord latente para algunos compatriotas es el de la negación a la lectura. Hay quien pasa su carrera universitaria sin leer un libro completo, personas que ejercen una profesión sin leer, diputados que firman iniciativas de ley sin leerlas, incluso existen vendedores de libros que aborrecen leer y, es más: hay maestros y hasta líderes de sindicatos de maestros que enseñan a leer sin saberlo.
Conozco a cuates que llevan once meses leyendo el mismo libro porque tiene muchas páginas: 300 más o menos. Lo leen a un ritmo de menos de una página por día. También debería la Fundación Guinness tener interés en esto.
También encontramos a algunas personas que leen un libro y no se les queda nada en la cabeza, no recuerdan nada. Ellos pasean la vista por las letras, unen las sílabas y descubren palabras, pero no pueden conectarlas. Se quedan en ayunas. Podrían repetir esa operación miles de veces y el resultado sería el mismo. Allí está otro tip para los buscadores de marcas mundiales.
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