Elnorte.com, 19 de diciembre del 2009
Hace 15 años, un grupo de escritores inicia en Monterrey una aventura literaria bajo el nombre de una fantástica bestia cortazariana. Hoy, algunos de esos autores evocan aquellos días de unión, creación y tallereo
Daniel de la Fuente
(19 diciembre 2009).- En el editorial del primer número de Papeles de la Mancuspia, presentado el 19 de mayo de 1994 en la casa de los teatristas Mirna Kora y Virgilio Leos, se apuntaba que la publicación quería ser "la segunda margen del río, la menos devastada, esa en la que aún se respira el ser natural, la desnudez, la libertad de jugar sin trabas".
La publicación, una hoja literaria de cuatro páginas que tuvo como director fundador al narrador Héctor Alvarado Díaz, eligió por nombre el de un insólito animal con pelo y plumas, de conducta extraña, que Julio Cortázar describe en su cuento "Cefalea", incluido en "Bestiario".
Pero la publicación no quedó sólo en eso, sino que dio pie a una de las generaciones de autores más sobresaliente de la Ciudad. Por ello, a 15 años de su fundación, algunos de sus integrantes evocan aquellos días.
PARTIR DE CERO
Desde el siglo 19, Nuevo León tiene registrados clubes, grupos y revistas culturales. La publicación y el grupo de la Mancuspia vinieron a robustecer esta historia.
La idea de invitar a un grupo de escritores a formar parte del proyecto que se volvería la Mancuspia era construir una especie de taller de experimentación textual, afirma Alvarado.
De hecho, el nombre que se manejó por meses para explicar el funcionamiento de ese taller fue "Partir de Cero", tomado de la poética musical de John Cage.
"Presentamos nuestro primer número de la Mancuspia en una suerte de fiesta donde se habló de la publicación y sus búsquedas, y Édgar Jaime, nuestro loco alburerodiseñadorescritorperfomancero, pintó en vivo una tela de grandes dimensiones que luego se rifó entre los asistentes.
"Ahí, entre las nubes alcohólicas y creativas, inició ese proyecto que trató de tener como palabras clave: literatura, brevedad, capacidad de juego, autogestión".
El autor de "Esa Llaga, La Memoria" cuenta que el nombre "Papeles de la Mancuspia" surgió una mañana en la oficina de publicaciones donde trabajaban él y Humberto Salazar.
Jugando con varias posibilidades, Humberto sugirió algo como "Cuadernos de la Bestia", "Cuadernos de la Mancuspia", y a los pocos días Alvarado le propuso al grupo el nombre "con el que todos quedaron perfectamente estupefactos por un rato hasta que les gustó".
"Nos pusimos a trabajar bajo la idea de abrir un espacio a las posibilidades del juego, el experimento, el humor, la concreción, el atisbo, la especulación, todo ello enmarcado por los límites de máximo un par de páginas.
"La revista apareció mensualmente con periodicidad neurótica", comenta.
La escritora Dulce María González, también integrante, se remonta a otro momento: la creación, primero, del grupo.
"Había surgido por 1990. En ese tiempo nos juntábamos en mi casa a tallerear Jorge Cantú de la Garza, Héctor Alvarado, Anna Kullick, Mario Anteo, Gabriel González Meléndez y yo.
"Cambiamos la sede a la casa de Mario, para entonces Jorge había dejado de asistir, aunque nos acompañaba de vez en cuando. Mario Anteo bautizó a ese grupo como 'La Falsa Damiana'. Cuando me fui del País a fines de 1991, el grupo aún se juntaba a tallerear".
AMIGOS Y ENEMIGOS
En 1994, año en que González regresó a Monterrey, Alvarado le contó el plan de que el grupo cambiara de dinámica. Además de tallerear sus textos, publicarían una revista.
El escritor José María Mendiola había vuelto a la Ciudad, tras años de vivir fuera, y fue invitado junto con Patricia Laurent.
"Había el deseo de seguir juntos y trabajar en algo que diera continuidad a nuestro viejo taller y que nos conectara con el resto de los escritores locales y a nivel nacional", afirma González.
Aclara, sin embargo, que el espíritu del taller se desvaneció un poco, ya que nunca fue la idea presentar una publicación.
Pero reconoce que hacer la revista era una manera de permanecer juntos en torno a un proyecto editorial en un momento en que la vida cultural y literaria de Monterrey era pobre y casi no había contacto con otras regiones del País.
Alvarado dice que en los inicios invitaron a todos los interesados a enviar textos, los pasaban a lectura en un proceso de votación y, sin importar quién fuera, era admitido o rechazado.
"Distribuimos la revista en Monterrey y construimos un directorio de envíos a una red de escritores que se volvieron eco de la voz y la propuesta de la 'Mancuspia'".
González, autora de "Mercedes Luminosa", habla del trabajo interno.
"Tallerear nuestros textos, conversar, discutir, juntarnos una vez a la semana, espantar un poco el fantasma de la soledad, intentar establecer contacto con escritores fuera de Nuevo León nos salía bastante caro y significaba un peso enorme".
Revela que Alvarado fue y vino a la imprenta durante años, convocó a juntas y hasta puso de su bolsa cuando no había dinero.
"Por años, las juntas se celebraron en mi casa, que terminó destrozada. De ahí pasamos al Bar Reforma", comenta.
Al tiempo, no sólo los autores regios tuvieron en la publicación de los "mancuspios" un espacio, sino de otros sitios, como Álvaro Mutis, Eduardo Langagne, Francisco Hernández, Gabriel Zaid y Christopher Domínguez Michael.
La narradora Patricia Laurent habla de aquellos días.
"En ese proyecto surgieron memorables amistades, pero también enemigos acérrimos que sospecharon que nuestro deseo era controlar el poder cultural. Nada más lejos de la verdad: éramos cronopios bebiendo cerveza, inventando cuentos mancuspianos o cazando escritores caóticos con un dejo de rabiosa lucidez.
"Ése siempre fue el principal empeño. Buscar en los confines de México y otros países a la tribu 'mancuspiana' que nos aportara una línea, un aforismo, un poema, un cuento, un pedazo de vidrio para adivinar la botella al mar de su espíritu. Conseguimos muchos, muy locos y variados colaboradores que hicieron de los Papeles una publicación de innegable calidad".
A RESPIRAR LA NOCHE
Julio César Méndez, autor iniciador, recuerda que el tono del grupo y de la publicación empezaba por los cargos.
"El Director General, General (así repetido) era Héctor y en cuarto lugar aparecía yo como Director del Buen Uso de la Lengua; como Subdirector Ausente de Asuntos del Espacio Exterior, Mario Anteo y como Subdirector de Inutilería, Gabriel Contreras ¿Quién le puso así? Entre todos".
Alvarado comenta que en 1997 iniciaron los Libros de la Mancuspia, que llegaron a 15 títulos, cuyos autores fueron ellos mismos y otros como Guillermo Meléndez, Macedonio González, Cuitláhuac Quiroga y Luis Javier Alvarado.
Hacia 1996 vino uno de los errores, señala el fundador, que afectó la historia de la Mancuspia.
"El grupo fue clave para dar vida a la iniciativa y operación del Encuentro Internacional de Escritores, en 1996. Dentro de las dinámicas de convivencia de este tipo de eventos, cometimos la estupidez de convocar en el micrófono de la última mesa a todo el que quisiera ir a la cena de clausura (en Marco).
"A la hora de la hora, la asistencia fue limitada y nosotros nos chamuscamos gachamente".
Alvarado expresa que Laurent sugirió ponerle a la publicación una "bomba de tiempo", que explotó para dar paso a una nueva apuesta monotemática: "El Correo Chuan", que existió por seis entregas y tras la cual revivió la Mancuspia.
Al tiempo, cada uno tomó su camino. El escritor Fernando Elizondo sigue editando la Mancuspia, pero de manera marginal.
Sin embargo, queda en la historia aquella aventura de los "mancuspios", intelectual y divertida.
Laurent reflexiona sobre esto último.
"Cada joven escritor debe encontrar esa larga y exquisita cena con sus 'mancuspios' para luego salir a respirar la noche y empezar la conversación con las muchas almas que ahora lo habitan".
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