El escritor español Miguel Fernández tiene un libro llamado Historias de suicidas que reúne 30 ficciones acerca de diferentes suicidas como José María Arguedas, Arthur Adamov, Arthur Koestler, Mariano José de Larra o Alfonsina Storni. Son poemas en prosa que reflexionan sobre la decisión fatal a veces mediante cartas inventadas, monólogos e incluso alguna pieza de teatro.

Entre las personas evocadas en Historias de suicidas publicado en 1990 por Libertarias/Prodhufi, S.A. bajo la colección Tres de Cuatro Soles, está la británica Virginia Woolf quien a los 59 años de edad se ahogó en el río Ouse llenando de piedras los bolsillos para hundirse. Era una mañana soleada. Para mayores datos, el 28 de marzo de 1941.

Miguel Fernández recrea a un testigo del suicidio de Woolf a quien llaman a declarar ante un juzgado y lo hace por escrito: “Me dijo entonces –y por eso se motiva esta carta; escúcheme bien, Señoría– que se entraría en el Ouse para dar de comer a los peces. Y así portaba la cesta, acomodada al brazo y llena, rebosante, de migas de pan. Y me dijo, puede que algo más, pero es lo que recuerdo, que marchase tranquilo a mi hogar; que aquellas piedras en sus bolsas, no eran sino para cimentar la cesta de mimbre llena de pan para alimentar a los peces negros del Ouse.”


Y más adelante dice:

“Por todo ello, Señoría, testigo soy, luego de haberla visto yacente con las piedras en los bolsillos, que tales pedruscos en apariencia situados en el cestillo, los fue colocando en su cintura; entre pliegues del halda, para terminar su vida de fantasma; al fin, libre elección, allá donde los peces navegan sobre el fango. Que mi testimonio sea Señoría, reflejo de verdad de que la señora Virginia Woolf escogió así su muerte, para duelo de todos los que fuimos honrados con su conocimiento y quedóse Ouse abajo, cantando no sé qué extraño poema del señor Tomás Eliot.”


Sólo agregaríamos la trascripción de las dos castas suicidas de la escritora, la primera a su hermana Vanessa Bell y otra a su marido Leonard Woolf.


Querida:

No puedes imaginarte lo mucho que me ha gustado tu carta, pero siento que he ido demasiado lejos en esta ocasión para que pueda volver. Es lo mismo que la primera vez: todo el tiempo oigo voces, y sé que no puedo superar esto ahora. Todo cuanto quiero decir es que Leonard ha sido sorprendentemente bueno cada día, siempre; no puedo pensar que alguien hubiera podido hacer más de lo que ha hecho por mí. Hemos sido perfectamente felices hasta las últimas semanas, cuando este horror empezó. ¿Harás que esté seguro de esto? Siento que le queda mucho por hacer y que seguirá adelante, mejor sin mí, y que tú le ayudarás. Apenas si puedo pensar con claridad ya. Si pudiera te diría cuánto habéis significado tú y los niños para mí. Creo que lo sabes. He luchado contra esto, pero ya no puedo más.

Virginia.


Querido:

Estoy segura de que, de nuevo, me vuelvo loca. Creo que no puedo superar otra de aquellas terribles temporadas. No voy a recuperarme en esta ocasión. He empezado a oír voces y no me puedo concentrar. Por lo tanto, estoy hacienda lo que me parece mejor. Tú me has dado la mayor felicidad posible. Has sido en todo momento lo que uno puede ser. No creo que dos personas hayan sido más felices hasta el momento en que sobrevino esta terrible enfermedad. No puedo luchar por más tiempo. Sé que estoy destrozando tu vida, que sin mí podrías trabajar. Y lo harás, lo sé. ¿Te das cuenta?, ni siquiera puedo escribir esto correctamente. No puedo leer. Cuanto quiero decir es que te debo toda la felicidad de mi vida. Has sido totalmente paciente conmigo e increíblemente bueno. Quiero decirte… que todo el mundo lo sabe. Si alguien podía salvarme, hubieras sido tú. No queda nada en mí más que la certidumbre de tu bondad. No puedo seguir destrozando tu vida por más tiempo.

No creo que dos personas pudieran haber sido más felices de lo que nosotros hemos sido
.

 

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Etiquetas: Escritores, Notas suicidas, Suicidio

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