El mezquino gobierno del PRD en el Distrito Federal basa su política cultural en pagar grandes sumas a extranjeros como el fotógrafo de Spencer Tunick para fotografiar desnudos; y en repartir libros con propaganda política. Publican y premian a los escritores de su grupo, brindan exposiciones para su grupo y promueven la obra artística de sus cuates. Es una política facciosa, un compadrazgo cultural, el reinado de una mafia. Todos sus eventos están cargados de mensajes políticos.
La Ciudad de México de piedras viejas y grises paisajes, de los que se asfixian en vagones de metro y los que desesperan en estacionamiento de centro comercial, de los que no tienen a qué ir a Ciudad Satélite y los que temen pasar por Ciudad Netzahualcóyotl, de los que cenan en café de chinos y los que se reparten con tortillas un plato de salsa, de los que temen por su vida al ser asaltados y los que al ser despojados se les arrebata toda la vida, de los que no usan efectivo y los que al ir de compras son llamados marchantes, de calles de circulación exclusiva y barrios bravos; la región de las más cordiales escenas y de las mayores indiferencias e infamias; esta metrópoli multitonal vive un momento de interrogación.
Cuando vimos en 2004 que Marcelo Ebrard dejaba que torturaran y quemaran vivos a los policías que tenía bajo sus órdenes, y lo vimos berrear histérico que no tenía responsabilidad, nos imaginamos que ese personaje había tocado fondo. Pero vino junio de 2008 y ocurrió que la policía de Ebrard trató de llevar a cabo un operativo donde querían castigar al dueño de una discoteca New’s Divine de la colonia San Felipe para que siguiera pagando cuotas a la delegación Gustavo A. Madero. El pago a los policías participantes sería poder robar a los jóvenes que estaban allí y abusar sexualmente de las adolescentes. A pesar de los muertos, los policías robaron, golpearon y desnudaron a quien quisieron; los jefes como Joel Ortega y como Rodolfo Félix Cárdenas mintieron para diluir la culpa; y Marcelo Ebrard quiere ser presidente. Así se las gastan. No olvidemos que las pistas de hielo del gobierno capitalino son pistas tintas de sangre.
Esta ciudad tan insegura como contaminada, tan despreciada por los legisladores izquierdistas que fueron quienes en un berrinche antidemocratico se plantaron en Reforma sin importarles que varios comercios quebraran; va a decidir, entre otras cuestiones, su política cultural.
La exposición que está en el Zócalo capitalino se llama Huellas de la vida y está dedicada a los fósiles y las actividades paleontológicas. No puedo evita que el nombre me remita a los miles de bebés que han muerto en abortos propiciados y financiados por el Gobierno del Distrito Federal. Las Huellas de la vida se exhiben en una sociedad con política de muerte.
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